Carta al atleta nº 1: el ritmo de carrera y de vida

Querido Atleta:

Empezamos la temporada y antes de dar el primer paso quiero decirte algo que va a sostener toda la temporada: acá no vas a tener que disculparte nunca por tu ritmo, ni por tu día, ni por tu vida. 

Te anticipo que algunas cosas de esta carta pueden incomodar. Pero siempre he sido sincero y esta no será la excepción porque el rol de entrenador no es tan pequeño como sólo planificar una sesión de entrenamiento. 

El peso del número: Sé lo que pasa por tu cabeza cuando terminás un entrenamiento y lo subís a Strava. Ese segundo de duda antes de escribir la descripción. Esa tentación de aclarar «corrí solo 5k», como pidiendo perdón por el número. Como si 5 kilómetros necesitaran una excusa, como si ir despacio fuera un fracaso que hay que confesar antes de que alguien más lo señale.

A eso se le llama vergüenza de ritmo, y no discrimina por nivel. Le pasa al que empieza y le pasa al que hace diez años que corre. Le pasa incluso a los rápidos: hay corredores con marcas de élite que todavía dudan en llamarse a sí mismos «buenos». La vergüenza no mide talento. Mide cabeza.

Y viene de la mano de algo más grande, que quiero que empecemos a mirar de frente: la locura de compararnos. Strava, Instagram, los grupos de WhatsApp donde todos suben su carrera del domingo. Herramientas increíbles para entrenar, medir, compartir… y también, si no las manejamos con cabeza fría, una máquina perfecta de ansiedad. Se le puso nombre a eso hace poco: «stravismo». La sensación de que si no subiste la actividad, no corriste. ¿Desde cuando normalizamos no salir a correr porque el reloj se quedó sin batería? La comparación constante con desconocidos que edita cada entrenamiento antes de que termine de digerirse.

Hay una trampa silenciosa en las redes sociales: muestran el podio, la marca personal, la sonrisa en la meta. Casi nunca muestran el día en que no salió nada, la semana en que el trabajo y los chicos no dejaron espacio para nada más, la lesión, el DNF o abandono a mitad de carrera. El fracaso, el error y el mal día, son compañeros de ruta tan reales como cualquier marca personal, solo que no entran en el carrusel de fotos. Si medís tu proceso contra el resumen de otro, vas a perder siempre, porque estás comparando tu película completa con el tráiler de alguien más.

No sos un profesional que vive de esto: la realidad de la enorme mayoría de los que corremos es la siguiente: tenés un trabajo, quizás hijos, una casa que sostener, mil responsabilidades que no eligen tu calendario de entrenamiento. No sos un atleta de élite con el día armado alrededor del running. Sos una persona común e increíble, haciendo algo extraordinario con el tiempo que le queda. Eso no es una excusa ni un techo: es tu punto de partida real, y vamos a entrenar desde ahí, no desde la fantasía de una vida sin obligaciones.

La disciplina que no se ve en Strava: Acá va lo que de verdad separa a los que progresan de los que se quedan a mitad de camino: cualquiera sale a entrenar un domingo de sol con veinte grados. Ahí no hace falta disciplina, hacen falta ganas, y las ganas sobran cuando el clima invita. El verdadero entrenamiento pasa en la mañana de frío, con lluvia, sin ganas, con el despertador sonando una hora antes de lo que el cuerpo pide. Ahí es donde se nota quién construyó un hábito y quién solo tenía motivación prestada por el buen tiempo. Salir en esas condiciones no te hace sufrir más de lo necesario: te enseña que la constancia no depende del clima externo, y esa lección se lleva puesta a todas las otras áreas de tu vida.

El grupo importa más de lo que imaginas: todos los martes y jueves en el auditorio o el día de pistas o de montaña con un grupo que te espera a una hora fija, hace algo que ninguna app puede reemplazar: te saca de la cama cuando el argumento racional para quedarte perdía por goleada. Ese kilómetro extra que abandonarías en soledad, lo terminás sostenido por el que va al lado. Ahí no compite nadie contra nadie: se sostienen entre todos.

La fe de los que llegan lejos: Los que llegan más lejos en este deporte —los que ves en el podio de las carreras grandes— entrenan más lento de lo que te imaginás en sus días fáciles, y confían en su entrenador con una fe que a veces parece ciega. No dudan del plan cada mañana, no lo mezclan con lo que vieron en un video, no comparan su proceso con el de otro atleta. Confían porque entendieron algo que también quiero pedirte que entiendas: el progreso lento y silencioso también es progreso. La paciencia no es resignación, es método.

Lo que te pido esta temporada: No corriste «solo» 5k. Corriste 5k, con tu trabajo, tus responsabilidades y tu vida real puestas en pausa por una hora para hacerlo. Si el plan de hoy dice lento, corré lento con la misma seriedad con la que algún día vas a correr rápido. Si el día está feo y no hay ganas, ese es exactamente el entrenamiento que más cuenta. Y si un día no sale nada, quiero saberlo para ayudarte: el mal día también entra en el proceso, no lo escondas por vergüenza de no tener algo lindo para mostrar. En definitiva quiero tu compromiso a ser un corredor sensato, que se esfuerza y que principalmente disfruta. 

Bienvenido al proceso. Empezamos juntos, con lluvia, con sol, y con la vida real de fondo.

Facu Zelaya. (Entrenador de running y trail running)

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