
Corriste solo/a miles de veces. Te levantaste antes de que salga el sol, atándote las zapatillas en silencio y saliendo a poner las calles cuando nadie más está despierto, ni para verlo ni para oírlo. Ese esfuerzo, esa voluntad y esa determinación, son tuyas y nadie te lo puede sacar.
Llevamos un mes de temporada y creo importante hablarte sobre entrenar en grupo y lo bueno que ha pasado. En las series de ayer charlé unos minutos con dos atletas exhaustas al finalizar el entreno y ambas me dijeron lo mismo: “hoy casi no vengo Facu” por diferentes razones movilizarse a entrenar les había costado, pero por la misma razón estar ahí presentes, les había cambiado el día.
Quiero contarte algo que la ciencia tardó años en confirmar y que en Kenia lo saben desde siempre: no es lo mismo entrenar solo que entrenar acompañado. No es una cuestión de motivación, de «me da pereza ir solo». Es más profundo que eso. Es química.
En Oxford estudiaron a un equipo de remo. Los hicieron entrenar dos veces: una vez cada uno por su cuenta, y otra vez sincronizados, todos juntos, con la misma intensidad exacta. Después midieron algo tan simple como el umbral de dolor de cada remero. El resultado: después de entrenar en equipo, ese umbral fue el doble de alto que después de entrenar solos. El mismo esfuerzo, literalmente, dolió la mitad cuando lo hicieron juntos. El cuerpo libera más endorfinas cuando el esfuerzo se comparte. No es magia ni casualidad — es que estamos biológicamente diseñados para que el dolor duela menos cuando alguien lo sostiene a tu lado.
Los estudios sobre cohesión de grupo muestran algo aún más importante para el largo plazo: la gente que entrena en grupo persiste más. No porque tenga más fuerza de voluntad, sino porque ese grupo se convierte en un compromiso que va más allá de uno mismo. Es más fácil fallarle a uno mismo, que fallarle a los demás.
Y esa cohesión no aparece sola: alguien la construye. Imaginate el grupo sin un Antonio, sin un Paco, sin una Laura — esos que por naturaleza se convierten en capitanes, en compañeros que sostienen al grupo entero sin que nadie se lo pida. Los que te escriben si faltaste, los que te esperan en la esquina, los que hacen que el grupo sea grupo y no solo un montón de gente corriendo al mismo horario. Ni siquiera hace falta ser el mejor amigo de todos — estudios sobre comunidades de corredores muestran que hasta esos lazos livianos alcanzan para sostenerte en los días en que solo o sola no ibas a salir.
En Kenia, cuna de los mejores fondistas del planeta, esto no es una teoría: es el método. Los corredores se levantan antes del amanecer y salen en manada. No entrenan en grupo solo por lo físico — construyen ahí la disciplina y la fortaleza mental que después los hace ganar solos, en la línea de largada, cuando ya no hay nadie al lado. Tienen un proverbio que lo resume mejor que cualquier estudio: «Umoja ni nguvu» — la unión es fuerza.
Así que la próxima vez que dudes si ir a correr con el grupo o quedarte entrenando solo «porque hoy no tengo ganas de hablar con nadie», pensá esto: no vas a perder mérito por correr acompañado. Vas a ganar algo que corriendo solo nunca vas a tener — alguien al lado que hace que el mismo esfuerzo pese mucho menos.
El grupo siempre te multiplica.
Gran primer mes de temporada equipo! Vamos por más!
Facu Zelaya. (Entrenador de running y trail running)





